Desde mis ojos de apoyo


Ascenso Yolosa - La Cumbre

“Ascenso al cielo por el camino de la muerte”.

Por

Lucia Saavedra Muñoz


Partimos el día viernes 7 de octubre a las 8:30 de la mañana, todos emocionados y afanados porque el gran día estaba a punto de llegar, la esperada subida, Yolosa - La Cumbre.  

Saludamos a la Cumbre y bajamos por el camino de asfalto hasta llegar al camino viejo, así realizamos el último reconocimiento de todo el trayecto que al día siguiente invitaría a más de 160 ciclistas para recorrer los 63Klm. Un ascenso aproximado de 4.657m.s.n.m.

Llegamos al medio día al Hotel de Yolosa, Senda Verde, pasamos una linda tarde disfrutando de la naturaleza y admirando a los animales maravillosos que este hotel alberga. Pasada la tarde, nos fuimos al pueblo y en ese ambiente donde se respira un aire cargado de aroma de flores y frutas, comimos algo y luego asistimos a la reunión técnica en el hotel Gloria, donde además hacían evaluaciones médicas a todos los ciclistas competidores.

Volvimos al hotel para realizar los últimos preparativos, repasar una y otra vez el trabajo de apoyo que debíamos cumplir en la tan ansiada competencia y luego había que tratar de dormir, pero con el solo pensamiento de lo que nos esperaba al día siguiente era vano el intento, puesto que no solo yo, si no las competidoras que estaban hospedadas conmigo, gracias a los nervios y angustia mezclada con emoción y felicidad, espantamos al sueño y el descanso esperado fue a medias porque la emoción y las ideas que llenaban nuestros pensamientos nos  provocaban diferentes sentimientos en nuestros corazones.  

Llegó el día!!!, sábado 8 de octubre, 4:45 am, despiertas todas alistándonos para la gran aventura, desayunamos muy poco, y luego raudamente, nos fuimos a la cabaña para alistar todo y salir al punto de encuentro en Yolosa, donde todos los ciclistas debían hacerse otra evaluación médica para luego salir en grupos a la competencia.

Por fin, la emoción sacudía y aceleraba mi corazón, me sentía angustiada, nerviosa, pero también feliz… Dios mío!!! Parecía una competidora, y simplemente era un apoyo (limonera), y cuando vi ahí a dos de las personas más importantes de mi vida, aferradas en sus bicicletas, listas, radiantes, felices, nerviosas, con un conjunto de sentimientos que ni ellas podrían explicar, detrás de la banda de partida, recé dos Padre Nuestro y dos Ave María, para que Diosito cuidara y protegiera a mi mamita amada, la gran ciclista Mirtha Muñoz, y a mi hermana amada,  Milenka Saavedra, la gran ciclista debutante en esta competencia.

Dieron la voz de salida a las 6:45 am y el primer grupo de ciclistas, salieron emocionados iniciando la mágica aventura en el camino y todos los apoyos sacamos fotos, despedimos a nuestros amigos, familiares, padres o hijos, a quienes les deseábamos a gritos que les acompañe la buena suerte para la gran competencia, ya que mis amigos queridos a quienes también apoyábamos: Julio Pereira y Nila Rico, salieron en el grupo junto con mi mamá y mi hermana. Luego rápidamente tomé encuentro con Leonardo De Luca un buen amigo y apoyo de Julio, que me esperaba en el Jeep, para anunciarle que nuestro grupo de ciclistas ya había salido y ahí empezaba nuestro trabajo.

Nos quedaban por lo menos 8 a 9 horas de ascenso, por ello en el Jeep teníamos todo preparado, con todo aquello que pensábamos que haría falta, no solo para nuestro grupo de cuatro ciclistas, si no para todos ellos quienes necesitarían de nuestra ayuda.

Mis emociones no estaban equivocadas, la preocupación fue constante, minuto a minuto, hora tras hora, los ciclistas iban subiendo, cada uno consigo mismo, sumergidos en su propia concentración, pensamientos y filosofía de vida, unos iban escuchando música, veíamos diferentes rostros, unos serenos, otros muy serios, otros alegres optimistas, cada vez que preguntábamos si necesitaban algo, nos respondían ¡no gracias estoy bien!!!! Muy agradecidos, o simplemente nos hacían señas para indicarnos que estaban bien, cambiábamos botellones, pasábamos agua, dábamos plátanos, sugeríamos que comieran, que se hidraten más, o simplemente seguíamos preguntando si necesitaban algo, así pasaban las horas,  también íbamos disfrutando del camino, de las montañas, de la vegetación, pero nuestra responsabilidad con Leonardo, nos hacía inquietarnos no solo por nuestros cuatro campeones, sino por todos aquellos ciclistas que pasábamos y veíamos que su auto de apoyo los esperaba más adelante, sentí que todos éramos un solo equipo donde no importaba si éramos conocidos o no, pues se despertaba simplemente una amistad natural y un sentimiento de ayuda y colaboración a todo aquel que la necesitaba.

El camino de tierra había finalizado, llegamos a Chuspi, y la gente se alegraba, pues la mitad del recorrido había sido vencido, pero luego me di cuenta, que la parte más dura comenzaba, ya en el camino asfaltado, luego de Chuspipata.  

Mis cuatro ciclistas empezaron a dispersarse, largas distancias los separaba y con mi compañero Leo, con el que hicimos un buen equipo y una buena amistad, nos preocupaba alejarnos de ellos, pues llovía, hacía mucho frio, y la competencia se tornó mucho más difícil, los ciclistas empezaban a sentir el cansancio y el peso de todo lo ya recorrido. Mi hermana Milenka se adelantó, la vi empeñada, fuerte, decidida y constante, me sentí muy orgullosa porque siempre logra lo que quiere o decide hacer, me sentí también más tranquila porque ya tenía su propio auto de auxilio, en el cuál iban los mejores apoyos, sus hermosos tres hijos, cuando la vi alejarse, sabía que iba con Dios y que llegaría a la meta.

Leo y yo nos concentramos en mi mamá y Julio, ya que Nila, también tenía su propio auxilio pero no dejaba de ser nuestra preocupación.

Desafortunadamente la ingrata altura me hizo efecto, el cansancio y la inquietud se tornaron más fuertes, el clima sin embargo fue muy noble en el trayecto especialmente de Yolosa a Chuspipata, pero de todas maneras el frío, la lluvia y la neblina camino a la cumbre hacían la competencia mucho más dura. Pensaba… yo no estaba montada en una bicicleta, pero qué cansada me sentía y en esos momentos, cuando nos parqueábamos en lugares estratégicos para esperar a los ciclistas,  me sumergí en mis pensamientos y cuando veía pasar a estos deportistas, sentados en una bicicleta, empapados por la intensa lluvia, transpirados, plenamente agotados, unos con calambres, otros con dolor de estómago, otros con dolor de piernas, o con hipotermia en las manos, indispuestos, o por último con dolor en todo el cuerpo, veía ciclistas caminando empujando su bicicleta, otros pasando en los autos de apoyo habían dejado la competencia por diferentes motivos, por temas técnicos, por salud, se veía en sus ojos la pena del infortunio abandono, sin embargo con el mismo empuje y empeño ayudaban a los que seguían en camino; me preguntaba… qué hace que estos deportistas sigan adelante y fue cuando mágicamente cada uno de ellos empezaron a transmitirme, esa fuerza el amor y la pasión de este deporte, me enseñaron a ver lo importante de la preparación física, pero aquello que entró por mis poros y estremeció mi alma, fue ver esos espíritus de lucha, perseverancia, constancia y voluntad, donde la razón ni la lógica tienen participación alguna, sentir a todos esos corazones latiendo por un mismo objetivo pese al sufrimiento físico, fue emotivo, admirable y conmovedor, fue cuando me sentí parte de una gran familia porque todos estábamos inmersos en ese mismo objetivo: vencer el camino.

Fueron varias impresiones, un cúmulo de sentimientos y emociones al admirar a mi querida mamá Mirtha Muñoz, estas experiencias alimentan el alma como ella siempre dice, sin embargo, me hizo entender el por qué de su pasión, porque no solo es ella, es su grupo amado de los Huancas que paso a paso y durante años lo fue conformando, convierten su vida en cada travesía  aun más emocionante y aventurera, entendí plenamente su empeño cada año por esta competencia, entendí por qué la llamaron “Ascenso al cielo por el Camino de la Muerte”, nuevamente me enseñó el valor de la constancia y la perseverancia aún en situaciones adversas. “Querida mamita, tu corazón es fuerte, tu espíritu es valiente y tu bicicleta son tus ojos, tus manos, tus piernas, es lo que alimenta e inspira plenamente tu vida y la nuestra”.

Gracias madrecita por haberme invitado a ser tu apoyo, hacerme parte de tus sueños, infinitamente gracias por haberme regalado dos días maravillosos.

Gracias Julio y Nila por haber confiado en este apoyo que les brindamos junto con Leonardo.

Felicito a Carla Serrate, Roberto Durán y Cesar Salamanca y a todos los que colaboraron en esta  admirable organización.

Agradezco a todos los ciclistas de todos los grupos por haberme transmitido pedaleo tras pedaleo tantos sentimientos que minuto a minuto alimentaron mi alma y fortalecieron mi corazón.

Felicidades a todos los ciclistas que llegaron de diferentes ciudades y países.

Felicidades a esta gran familia!!!!  

Infinitamente, gracias Huancas!!!!!.

Lucia Saavedra Muñoz.